Altísimo Señor que supisteis juntar
a un tiempo en el altar ser Cordero y Pastor.
Quisiera con fervor amar y recibir
a quien por mí quiso morir.
Cordero divinal, por nuestro sumo bien
inmolado en Salén, en tu puro raudal
de gracia celestial lava mi corazón,
que fiel te rinde adoración.
Suavísimo maná que sabe a dulce miel,
ven, y del mundo vil nada me gustará;
ven, y se trocará del destierro cruel
con tu dulzura la amarga hiel.
Oh convite real, do sirve el Redentor
al siervo del Señor comida sin igual;
pan de vida inmortal, ven a entrañarte en mí,
y quede yo trocado en ti.
Bendito, bendito, bendito sea Dios,
los ángeles cantan y alaban a Dios,
los ángeles cantan y alaban a Dios.
Yo creo, Jesús mío, que estás en el altar,
oculto en la hostia te vengo a adorar,
oculto en la hostia te vengo a adorar.
Espero, Jesús mío, en tu suma bondad,
poder recibirte con fe y caridad,
poder recibirte con fe y caridad.
Por amor al hombre moriste en la cruz,
y al caliz bajaste por nuestra salud,
y al caliz bajaste por nuestra salud.
Jesús, Rey del Cielo está en el altar,
su Cuerpo, su Sangre, nos da sin cesar,
su Cuerpo, su Sangre, nos da sin cesar.
Entre sus ovejas está el Buen Pastor,
en vela continua lo tiene el amor,
en vela continua lo tiene el amor.
Cantemos al amor de los amores,
cantemos al Señor,
Dios está aquí, venid adoradores adoremos
a Cristo Redentor.
Gloria a Cristo Jesús,
cielos y tierra bendecid al Señor;
honor y gloria a Ti,
Rey de la gloria, amor por siempre a Ti,
Dios del amor.
Por nuestro amor oculta en el sagrario
su gloria y esplendor;
para nuestro bien
se queda en el santuario,
esperando al justo y pecador.
¡Oh, gran prodigio del amor divino!
¡Milagro sin igual!
¡Prenda de amistad,
banquete peregrino,
do se come al Cordero Celestial!